domingo 10 de febrero de 2008

LA PUNTUALIDAD...¿vale la pena?


Es típico escuchar en mi tierra esta expresión; "No dijimos a la HORA BOLIVIANA". Resulta que el boliviano sufre de un mal muy generalizado llamado FALTA DE PUNTUALIDAD llegando a sus compromisos media hora después, por eso se llegó acuñar el término la HORA BOLIVIANA. Es tan generalizado que decir "MAS VALE TARDE QUE NUNCA" es una salida a su impuntualidad.

Alguna vez escuche este término decir a un amigo británico "A LA HORA INGLESA", porque tienen la costumbre de ser puntuales a sus compromisos. Eso lo evidencié con mi amigo.

Algunas personas ante tal evidencia de la falta de puntualidad planean sus actividades con una hora de tolerancia. Citemos una experiencia, dos chicos estaban mandando unas invitaciones para una pequeña fiesta que iban a celebrar en su casa el sábado a las dos de la tarde. Al recordar que dos de sus amigos siempre solían llegar tarde a todas partes, uno de ellos sugirió: “¿Por qué no ponemos en sus invitaciones que vengan a la una? Así, probablemente llegarán a las dos, justo a tiempo”. ¡Y eso es exactamente lo que sucedió!

No todos los problemas relacionados con la puntualidad se resuelven con tanta facilidad. De hecho, no llegar a tiempo puede ser la causa de graves trastornos tanto para los que llegan tarde como para cualquiera que se vea obligado a esperarlos. Recuerdo una oportunidad cuando me invitaron para una conferencia de un escritor famoso de mi país. El conferencista llegó tarde, con 20 minutos de atraso. Pasó un silvido porque el público se impacientó. A causa del atraso todo el programa se retraso afectando a los demás participantes.

Desde luego, hay que reconocer que no todas las culturas dan mucha importancia a la puntualidad. Pero sin importar el lugar donde uno viva, probablemente tendrá que preocuparse de llegar a tiempo para tomar un avión, para una reunión formal, una cita de negocios y hasta algunas reuniones sociales. Un joven tenía a una marcada dar una evaluación, por lo estricto del docente, lamentablemente perdió y tuvo que reprobar el semestre sólo por llegar retrasado, fuera de la hora prevista, 15 minutos después.

De modo que si suele llegar tarde a todas partes, ¿qué puede ayudarle a ser puntual? Y si usted es quien a menudo tiene que esperar a otros, ¿cuál pudiera ser una buena ayuda para enfrentarse a esta debilidad humana tan generalizada?

¿Llega tarde la mayoría de las veces? En primer lugar, intente identificar la causa. ¿Se distrae con facilidad? ¿Le resulta muy difícil organizar su vida o la de su familia? Con esfuerzo, puede vencer estos problemas. Por ejemplo: organice sus actividades habituales y haga planes en consecuencia, permitiéndose más tiempo del suficiente para cada cosa. Mire su reloj más o menos cada hora. En lugar de tratar de llegar a los compromisos importantes a la hora justa, propóngase llegar con tiempo de antelación. Ahora bien, ¿pudiera ser que su problema tuviese unas raíces más profundas?

BUSCAR LLAMAR LA ATENCIÓN

Observando el comportamiento de algunos impuntuales, he percibido que lo hacen simplemente por llamar la atención de otros, captar la vista y posesionar su presencia en el escenario. En algunos casos talves útil pero en la mayoría son innecesarios y torpes con mucha desconsideración.

Otra forma es, que a último momento la persona desea hacer alguna labor o dar instrucción generando tensionamiento y abriendo espacio para ser impuntual. Este tipo de dilación les proporciona un estímulo negativo. Con ello se crea automáticamente una necesidad de experimentar esas acuciantes prisas del último momento.

¿SE RINDE MÁS BAJO PRESIÓN?

“¡Pero yo rindo más cuando estoy bajo presión!”

Algunas personas afirman que rinden más cuando esperan hasta el último momento. Si eso se cumple en su caso, muy bien. Pero sea honrado consigo mismo. ¿Es cierto que hace todo lo que le sería posible hacer cuando espera hasta el último momento?, mejor dicho, ¿se rinde mejor estando bajo presión?

En su libro Working Smart (Trabajar de modo inteligente), Michael LeBoeuf hace la siguiente observación: “Pocas personas, si acaso alguna, realizan un trabajo de máxima calidad cuando están bajo presión, aunque quieran creer otra cosa. [...] Primero, si usted se ve obligado a trabajar a un paso acelerado, aumentan las posibilidades de que cometa errores. [...] Segundo, [...] puede surgir algo sumamente urgente que le robe esos preciosos momentos que había asignado a hacer el trabajo. [...] Tercero, aun en el caso de que todo salga bien y consiga hacer mucho en poco tiempo, eso solo significa que puede ser eficiente, pero que no opta por serlo a menos que esté bajo presión. Al no lograr ser más a menudo lo que es capaz de ser, usted mismo se perjudica”.

¿DETESTA ESPERAR?

"¡Detesto esperar, me genera estrés y enojo cuando son impuntuales!"

Quizás usted sea puntual, pero repetidas veces se vea obligado a esperar a otros que no lo son. ¿Qué puede hacer para ayudar a sus familiares, amigos o compañeros que normalmente llegan tarde, o al menos para soportar esa debilidad?

Tal vez pueda ayudarles si les recuerda de antemano sus citas o si habla con ellos con franqueza del problema. Es posible que algunas de esas personas, debido a sus antecedentes o debilidades personales, no respondan a la ayuda y continúen incomodando a otros al no presentarse a la hora. Si sus circunstancias exigen que viva o trabaje con personas así, acepte su dilación como un hecho de la vida y busque maneras eficaces de encararse a la situación.

Por ejemplo: puede prever que tendrá que esperar y prepararse para ello. Tal vez sea práctico quedar en un lugar donde la espera resulte agradable, como en una tienda o un restaurante. También puede llevar consigo algo de trabajo o de materia de lectura para mantenerse ocupado en algo productivo mientras espera. Cítese con esas personas a una hora temprana a fin de que su probable tardanza no le impida cumplir con los plazos que usted se haya fijado. En algunos casos, es posible que su buen juicio le dicte que no debe incluir en sus planes a los que por lo general llegan tarde.


En fin, son tantas pero tantas las argumentaciones que podemos dar para resolver esta cuestión.

Me gustaría copiarle algunas sugerencias prácticas tomadas del libro "Cómo ejercer control sobre su tiempo y su vida", de Alan Lakein" y que le permitan reflexionar sobre cómo cultivar la puntualidad y aprovechar mejor su tiempo:

1. Divida las tareas ingentes y agobiadoras en actividades pequeñas y realizables.

2. Dé algún paso encaminado a la realización de cierto trabajo. Por ejemplo: si está aplazando la lectura de un libro, sáquelo del estante y colóquelo cerca de su silla favorita para leer.

3. Comprométase. Dígale a algún amigo o supervisor cuándo piensa terminar cierto proyecto.

4. Prémiese cada vez que termine una etapa de un proyecto largo.

5. Cuando vea que posterga cierta tarea, dígase: “Estoy perdiendo el tiempo”. Este recordatorio puede hacer que finalmente tome el control y decida dejar de demorarse.

6. Piense en el precio que hay que pagar por la dilación: ¿Aumentará el volumen de trabajo? ¿Aumentará el coste económico? ¿Y si se pone enfermo cuando llega el último momento? ¿Y si el proyecto dura más de lo que esperaba? ¿Pudieran surgir interrupciones? ¿Sufrirá la calidad de su trabajo si espera hasta el último momento?

"¡Madres...! acabo de faltar a un compromiso por escribir este artículo"...jejeje...mentira, solo traté de ganarle una sonrisa. Espero que este artículo haya sido de gran provecho para ud. y su entorno.

Saludos en la distancia.

Sinceramente...

eliass